Editorial n.6

Editorial n.6

Desde el principio nos venimos preguntando qué es hacer una revista o, más precisamente, qué es esta revista que hacemos y qué no queremos que sea. Es algo sobre lo que conversamos y vamos dando respuestas. Algunas ideas surgieron muy tempranamente y se mantienen. Todavía hoy pensamos que esta revista nace de la amistad y del diálogo, del interés por un hacer en común. En la conversación entre nosotras, en la que definimos las invitaciones y las propuestas, vamos estableciendo el rumbo. Los diferentes números son el entramado que traza esa conversación, entre nosotras y también con quienes participan en ellos, en una red de afecto y generosidad.

La generosidad es algo central que sostiene el proyecto de la revista, la de los amigos y amigas, la de los colaboradores de cada número, que comparten sus fotografías, ensayos, fragmentos, traducciones, poemas, apuntes, relatos. Muchas de esas formas breves son parte de proyectos de escritura que están en proceso, otras fueron escritas especialmente para la revista. Pensamos cada número como una conversación escrita -no pautada previamente- que el lector va haciendo en su travesía por los escritos y las imágenes.

Sabemos que sin esa apertura amorosa la revista no sería lo que es y seguramente tampoco sería posible. Una apertura que incluye también a los lectores. La forma breve es esa red, ese vínculo de generosidad y confianza, de entusiasmo compartido, de ganas de encontrarnos, de leernos, del ida y vuelta con otras personas. Convivir, relacionarnos, armar redes vivas, colaborar en algo común, dar con generosidad siguen siendo acciones que valoramos y practicamos, y La forma breve es una muestra de eso.

No hacemos números temáticos, sin embargo, cada vez que empezamos a recibir el material no deja de sorprendernos la conexión que aparece entre muchos de los textos (o entre textos e imágenes), como si estuvieran conectados por un impulso común, por una curiosidad compartida. Este número 6 no es la excepción.

En un lugar bastante central, aparecen los libros, los que nos formaron, los que descubrimos y nos eclipsan, los que conectan distintas lenguas y geografías. Los libros que, lejos de su fin apocalíptico, parecen seguir insistiendo en permanecer. Andrés Hax nos cuenta de la flamante Queequeg Press y el inicio de un catálogo prometedor. Libritos baratos comprados hace décadas que reviven de forma inesperada, como en el relato de Alejandra Zina. Libros que acercan, vuelven familiar, una experiencia de extranjería bastante extrema, como es el noruego y el neerlandés, las lenguas que ahora hablan, leen y traducen Soledad Marambio y Alejandra Szir respectivamente. Soledad presenta y traduce fragmentos de la novela Chiquitita, de Pedro Carmona-Alvarez, hijo de exiliados chilenos radicados en Noruega. Alejandra presenta y traduce poemas de Elly de Waar, histórica militante feminista de los Países Bajos. Traducir es variar y expandir, como el libro experimental de Mariano Siskind que recomienda el poeta y librero Sandro Barrella. A veces una sola lengua no alcanza para nombrar aquello que deseamos con desesperación y que nos hace salir en su busca por una ciudad ajena a nuestras costumbres, como nos muestra el relato de María Martoccia. 

En el camino de la auto-traducción está la escritura poética de Denise León que hizo del ladino (la lengua de sus ancestros) un proyecto que no deja de expandirse trazando su propio mapa. De Paraguay a la Patagonia hay otro mapa unido por una road movie biográfica y por el descubrimiento de la escritura, de eso habla el texto de Humberto Bas.

Libros y enseñanzas cruciales que llegan de la mano de maestros y mentores, como se ve en las evocaciones platenses de Carolina Bruck; y en la incomodidad que plantea el ensayo de Cynthia Rimsky en torno a la lectura, la enseñanza y el mandato de comprender. Lo incomprensible no se ajusta a la didáctica escolar. Hay que sobrellevar la rabia de un vecino con motosierra que se ensaña con los árboles o la aparición de decenas de abejas muertas en la terraza que deviene en el recuerdo de un poema de Emily Dickinson: lo incomprensible como deriva literaria en el texto de Jonás Gómez. Para balancear, Vanesa Guerra Malmsten rescata la figura del maestro y poeta japonés Miyazawa Kenji que “navega en los conocimientos con la buenaventura de quien se entrega al asombro de las cosas”. También cuentan los maestros involuntarios como el pintor español Manuel Angeles Ortíz, que sin quererlo le dio forma a la vocación del pintor y arquitecto Alejandro Vaca Bononato.

Todos tenemos un guía que nos anima a recorrer lo desconocido, y en ese viaje, como describe la pintora Lula Mari, sucede el encuentro con el conocimiento. 

No podían faltar las piezas orales de Alberto Muñoz. Audios misteriosos que se develan con un “play”. En esta entrega, una fábula barrial con un toque metafísico, una pizca de psicoanálisis y mucho de arte poético.

Qamasa se titula el ensayo fotográfico de Sofía Bensadon que acompaña este número y reúne siete años de investigación fotográfica y etnográfica con mujeres constructoras de La Paz y El Alto, Bolivia. En Qamasa vemos la cotidianeidad, el descanso, las condiciones de trabajo y su reclamo, la complicidad entre las mujeres y el vínculo que se va construyendo con la fotógrafa. Como en los números anteriores, la curaduría visual no pretende ilustrar las entradas sino entablar conversaciones imprevistas entre los textos y las imágenes.

Estamos muy contentas con esta sexta entrega que cierra el año.

Queridas y queridos lectores, esperamos sus visitas y sus comentarios.

Alejandra Zina (Buenos Aires, 1973)

Coordina talleres de escritura, de lectura y clínicas de narrativa. Fue creadora y docente del Taller de Escritura Creativa en la carrera de Guión y en el área de extensión de la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (ENERC). Sus cuentos y relatos han sido publicados en revistas y antologías de Argentina, Uruguay, Brasil, México y España. Es autora de la colección de cuentos Hay gente que no sabe lo que hace (2016) y de Íntima distancia (2021), colección de textos híbridos. Desde 2006 hasta 2023 codirigió el ciclo Carne Argentina de lecturas en vivo.
Foto: Pablo Ortemberg 

Cecilia Ferreiroa (La Plata, 1972)

Es licenciada y profesora en Letras por la UBA. Vivió su infancia en el exilio, primero en Venezuela y luego en México. Es autora de la novela Nombre de familia (Emecé, 2025) y de los libros de cuentos Señora Planta (Blatt & Ríos, 2016) y La parte enferma (Obloshka, 2020). En 2024 integró la antología Pensar en argenmex: literatura, exilio y memoria en torno al exilio argentino en México, editado por la UNAM y en 2012 la Antología Cuento Digital Itaú. Publicó narraciones en diferentes revistas y suplementos periodísticos, así como algunas reseñas. Trabaja en programas de promoción de la lectura y del acceso al libro, y dicta talleres de lectura y escritura.
Foto: Alejandra López

Noelia Monópoli (Mar del Plata, 1978)

Fotógrafa, docente y licenciada en curaduría en artes (UNA). Coordina talleres de fotografía y cianotipia. Es coautora del libro Momentos Nómades, un recorrido visual de Asia a América. Como fotógrafa ilustró tapas de libros de ficción y retrató a sus autores para diferentes editoriales (Paisanita Editora, Random House, Asphalte Francia, entre otras).   

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