Azul Miyazawa
Vanesa Guerra Malmsten
La luz perdura, la lámpara desaparece.
Kenji Miyazawa (1896-1933)
Apenas calmada Nowaki, bravísima tempestad que azota la isla, asume el poeta que las sandías no bostezan ni despiertan, apenas conmueven su estancia pesada y fresca de rocío sobre la parcela de tierra que no se anega y por tanto se agradece, porque todo ha sido destrozado, sacudido, enmarañado como asuras y demonios saben hacerlo; un estropicio devuelve la mañana, un estropicio sordo lo que ayer nomás era un mundo de voces delicadas, sin embargo, las sandías cultivadas bajo un sol amable, comunidad serena de corazones dulces y pacientes, ofrecen el don de la terca permanencia; ay… el otoño temprano ya no derramará su cielo azul absoluto surcado de aves, a cambio el viento se ha vuelto un continuo de mantras, una infinidad ancestral de haikus y rezos que persiguen a campo traviesa al maestro Miyazawa, allá por el norte pobrísimo del Japón, tal vez un día más en la cuenta de los días de hambruna sobre los años 20 del siglo pasado, ahí va, ensimismado nunca, apenas encorvado, tan flaco que el paso que pisa apenas quiebra la hierba, anda como quien levita al tiempo que avanza a contra pelo, torcido por los espíritus que le torean al pecho, o reviran y empujan de este a oeste, ladeándolo, pero sin que lo venza la lluvia, sin que lo venza la nieve, ahí va, tomando notas de un Paisaje interior donde se unen el papel y la tinta mineral (todo parpadea conmigo y todo siente al mismo tiempo) todo en él, y él en esa libreta mínima que siempre lleva consigo en un amplísimo pliegue de su gaito oscuro.
Ay, en lo agrio y pálido de la ira
en el fondo de la luz de la atmósfera de abril
yo no ando como demonio
escupiendo y rechinando los dientes.
(El paisaje se mece entre mis lágrimas)
Ciertos días niños risueños persiguen su estela: ¡Sensei-sensei, los erizos de mar se alimentan de polvo cósmico…! ¡Sensei, sensei!, aplauden y festejan mientras destellan ocurrencias y silencios como abejas entre flores. Kenji Miyazawa detiene el tiempo ante el discurrir de las aguas en los ríos que bajan disonantes después de la tormenta. Agua y piedra, atonal, discontinuo, voces en la singularidad del encuentro, cantar del instante.
Él busca enseñar lo que sabe: la lengua fértil que da la tierra y el cosmos, para el arroz del estío. Ante la inclemencia y la pobreza indica que nada se hace de a uno, la vida, como la lengua y los frutos, se comparte. Porque … todo es Todo dentro de mí, porque todo está dentro de cada uno de todos.
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Escúchame bien,
cuando el arroz sobrepase la altura de tu pecho,
debes cortar las puntas de las hojas
utilizando como medida
el botón superior de tu camisa
… así, se seca no sólo el sudor,
sino también las lágrimas…
El maestro Miyazawa es joven, ha estudiado agronomía lejos de casa, sabe de estrellas y planetas, conoce el nombre de las piedras, su posibilidad oculta, el secreto en la hechura de la materia, los minerales galácticos que han visitado la tierra, ama la música, ha conseguido un violonchelo, en sueños y en veladas busca a Beethoven y a Schumann, a veces los encuentra, es un apasionado de la química y la física, sabe esperanto y advierte la cuarta dimensión, navega en los conocimientos con la buenaventura de quien se entrega al asombro de las cosas, además le ha confiado a su hermana Toshiko que anhela ser como Andersen, Carrol, Tolstoi, por eso en su viaje a Tokio escribe tantísimos cuentos, porque Todo parpadea en él y ya muy entrada la noche del reencuentro leen y releerán con el encantamiento que sucede cuando hacemos algo para alguien amado y el amado recibe con la felicidad de quien ha esperado.
Kenji no aceptó continuar con el negocio familiar, una casa de empeños en Hanamaki, su lugar natal, en la prefectura de Iwate; la familia Miyazawa no es rica pero la diferencia entre los unos y los otros, esa vecindad conocida y amable que va de carencia en carencia, días tras día, ¿es … ay… es que nada detiene el hambre? No, la tempestad permanente le alimenta, y las guerras sucesivas, más la avaricia política; ¿acaso no debe encontrar una fórmula mineral para proteger y fertilizar sus cultivos? Sí. Es el dolor y la desesperanza de los vecinos, las cosechas perdidas año tras año lo que va a invocar la compasión del poeta; finalmente la pobreza ajena lo embarga y él la toma, la vuelve suya, es casi un monje en estos días.
Se ha abrazado al Sutra del Loto como a un arca de salvación, profesará otra fe, diversa a la familiar: el budismo Nichiren.
Ese fenómeno llamado Yo
es una luz azul
en una supuesta lámpara orgánica de corriente alterna
(un compuesto de todos los espectros transparentes).
Es la luz azul
de la lámpara de corriente alterna del karma
que ciertamente permanece encendida
parpadeando sin descanso
junto al paisaje y a todo lo demás
(la luz perdura, la lámpara desaparece)
La pequeña Toshi (Toshiko) ha enfermado y va a morir, mientras te rodea la atenta mirada de todos nosotros, ¿aún tienes que seguir aquí sin dejar de sufrir? Kenji querría ir con ella adonde sea que pudieran permanecer juntos, acaso viajar para siempre en El tren nocturno de la vía láctea, ese que surcará el lecho brillante desde la Cruz del Norte hasta la Cruz del Sur para cruzar el río Sanzu que separa este mundo del otro venidero.
…. ¿a dónde te vas tan sola?
(¿tengo muy mala pinta?)
Ay … y lo dices con una risa tan desesperada y triste …
***
Kenji <>Toshiko
En ese amor, cae aguanieve extrañamente luminosa. Tráeme un cuenco de aguanieve, anda. Desde nubes inflamadas de negrura borbotea con fuerza la nevada. Trae mi lluvia de nieve, anda. Y yo salgo disparado como una bala curva hacia el centro de la nada para atrapar lluvia de nieve para vos. En estos cuencos mellados, estampados de braseñas azules, trae mi lluvia de nieve, anda. Desde nubes oscuras de plomo azulado la aguanieve borbotea hasta fundirse en el suelo. Ay, mi Toshiko, estás a punto de morir y me pides un tazón de nieve helada para que siempre me sienta bien, gracias hermanita, valiente y frágil, ardiendo suavemente como una llama azul… trae mi lluvia de nieve, anda. Me pides un último cuenco de una nieve que atraviesa este universo de galaxias, atmósferas y soles.
¿Has decidido marcharte por ese camino destinado? ¿A dónde vas tan sola? ¿Tengo muy mala pinta? ¿Qué va? Estás estupenda. Con tu cabello de niña como una manzana. Todo está lleno de olor a pequeñas flores blancas de los campos en verano.
Ay, no apartes tu mirada de esa manera tan triste.
Pídeme por favor que me vaya contigo.
****
La voz atraviesa puertas y ventanas de una escuela que ha construido en el campo, tan lejos de la casa familiar, tan cerca de la gente que apenas vive de los frutos que da la tierra. A veces, la voz nombra en lengua extranjera árboles cotidianos que duermen bajo constelaciones lejanas hasta dar con el alba que invisibiliza la noche hasta acallar su secreto; ahora trae sonoridad alemana para cantar del ciprés perfume y danza.
En el fondo de este océano de aire deslumbrante
(tristeza azul y profunda)
los zypressen se mecen en silencio
Kenji tomaba de los idiomas y de las lenguas científicas que conocía la sonoridad que creía escuchar en el parpadear de las cosas del mundo, no sólo para una lúdica de onomatopeyas o ideofónicas, sino también para abrir portales posibles, rupturas de sentido, satori, despertares, ensueños y afanes en aquellas infancias trabajadoras o vejeces alcoholizadas que asumía hundidas en la tristeza por falta amparo, de tranquilidad, de futuro. Proponía el arte como alimento espiritual y hasta carnal, se afanaba a diario en transmitir enseñanzas que enlazaban arte, ciencia agropecuaria y budismo. La obra de Kenji nos recuerda que cuando se nombra lo de siempre de otro modo, es otro el modo que asume lo que siempre nos rodea, tal vez esto sea enseñar y aprender, trascendernos, extranjerizarnos de la rutina, permitirle hablar con su rareza, regresarle el agalma que perdió en el tedio desesperado de los días, volvernos como recién llegados y bajo la luz del asombro contemplar lo que existe una y otra vez como quien escucha y agradece; así, en esa manera que propone Kenji Miyazawa, la vida fluye como acción poética.
El fuego que causó tanto alboroto resultó ser un arco iris.
Hace ya una hora que sigue tensando sus cuerdas
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Dicen que no hay sitio para un maestro convertido en labrador
En la austeridad ejercitada y compartida con los otros, en la soledad de los días de hambre y frío, en sus oraciones y rezos, en su morada abierta donde enseñó todo lo que supo o dio consejo a quien lo pedía, continúa trabajando en su escritura mientras la pleuresía recrudece. Anota que la vida deslumbra hasta tal punto que el aire incluso duele un poco. Mientras arde, con una luz sublime, el cielo del amanecer está a punto de fundir este planeta de zafiro limpio y bello. Transformé la tristeza que me brota en pedazos de mitos azules y los esparcí con todas mis fuerzas entre los olmos de la plaza, pero los pajaritos no los picotearon. Mi pecho ahora es un lago de sal cálido y triste, un bosque perfumado, negro, se supone que yo debería dormir completamente inmóvil hasta que los reptiles tomen la forma de las aguas. Me duermo azul en el azul. Entre esas nubes grumosas tal vez se oculte Toshiko. Ay, por mucho que lo intente la razón, no hay manera de curar esta tristeza. La realidad que estaba aquí conmigo habita ahora en una dimensión fuera de mi alcance. Ante el monte Matsukura, grande y negro, hay un punto compuesto de dalias. Esa red de iluminación es la verdadera joya de septiembre. Al artífice de esas lámparas le voy a regalar tomates azules.
A lo lejos el bosque sonaba como el mar en plena tormenta.
Centauro, haz caer el rocío.
Kenji fallece de neumonía en septiembre de 1933; a su padre, que profesa otra rama del budismo, le pide que publique mil copias del Sutra del Loto y lo obsequie a todos los conocidos.
A su hermano Seiroku le confía todos sus manuscritos.
Con el tiempo el padre abraza la fe del hijo.
Hoy Miyazawa Kenji es uno de los escritores populares más queridos del Japón, su obra dejó una profunda huella en la cultura; si lo leen van a reconocerlo en las películas de Hayao Miyazaki, y en tantos otros que nos han dado hermosas dosis de animé cuando más lo necesitábamos; aquí recomendamos con alegría el trabajo de Sugii Gisaburo por La vida de Budori Gusko y El tren nocturno de la Vía láctea.
Todos los libros de Kenji son una invitación a percibir lo que no está a la vista.
Como decimos en japonés: Gambate! がんばって!: ¡Animate, dale!
Referencias y comentarios
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Tras la tormenta: el alba (las sandías no se enteran de nada), de Yamaguchi Sodō (1642–1716) en traducción de Alberto Silva.
“No sucumbir a la lluvia”, 1931, Kenji Miyazawa en traducción de Atsuko Tanabe.
“Ay, en lo agrio y lo pálido de la ira…” Fragmento de La Primavera y el demonio, 1922, Kenji Miyazawa en traducción de Atsuko Tanabe.
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Primavera y asura. Kenji Miyazawa, en traducción de Yumi Hoshino y David Carrión: Fragmento de “Ese arrozal de allí…”, 1927 / Fragmento de “Prefacio”, 1924/ Fragmento de “Llanto sin voz”, 1922.
El tren nocturno de la Vía Láctea, 1927, Kenji Miyazawa, en traducción de Montse Watkins.
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Toshico <> Kenji. Versión libre, intervención sobre algunos versos de tres poemas de Primavera y Asura (bocetos mentales) traspuestos a prosa: “La mañana del último adiós”; “Llanto sin voz” y “Agujas de Pino”, fechados el 27 de noviembre de 1922, fallecimiento de Toshico.
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Primavera y asura. Kenji Miyazawa, en traducción de Yumi Hoshino y David Carrión: “En el fondo de este océano de aire deslumbrante…” 1922/ “Informe”, 1922.
Sobre los ideófonos, ver Marta Añorbe Mateos y Kuniko Ikeda, 2021. Prólogo. La oficina de los gatos y otros cuentos. Kenji Miyazawa, 1918-1927.
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Versión libre, intervención sobre Primavera y Asura (bocetos mentales) traspuestos a prosa: “Neblina sublime”, 1922; “Mi pecho ahora”; “Si abro los ojos, el viento de abril”; “Sapporo”, 1927, “Una vivienda”, 1925; “Celos del amanecer”, 1925; “Paisaje con caja de música”, 1923; “Bahía de los volcanes”, 1923.
Vanesa Guerra Malmsten
Escritora, editora y psicoanalista argentina. Durante varios años estudió japonés con la maestra Aiko Tobata San, recuerda esos días con profunda alegría. Ha publicado: … dónde tienen la boca estos peluditos? Editorial martes Intenso, 2026; La lengua del desierto- notas. (Sobre la pasión de la lengua en tiempos neoliberales). Buena Vista Editora, 2020; Walser, traductor del limbo. Bajo la Luna, 2017; Síndrome del Montón. Tren en Movimiento, 2016; Cómo sopla el Serpentino cuando no canta el gallo. Bajo la Luna, 2012; La sombra del animal. Bajo la Luna, 2008. Colaboró en Historia Feminista de la literatura Argentina. En la Intemperie. Poéticas de la Fragilidad y la revuelta. Tomo V. Eduvim, 2020 y en Proyecto NUM. Recuperemos la imaginación para cambiar la historia. Proyecto NUM & Madreselva, 2017.
Foto: Julia Molinari
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