El feminismo sentimental
Alejandra Szir
La primera ocasión en que oí hablar de algo así como el feminismo holandés habrá sido en 1982, cuando tenía diez años. Mi madre, Lita Stantic, productora de cine, volvía con la directora María Luisa Bemberg del festival de Taormina, adonde habían sido invitadas con el segundo largometraje de la directora, Señora de Nadie. Recuerdo que mi madre contó impactada que el feminismo de esta película sobre una mujer casada y con hijos que se anima a separarse de su marido, no era nada comparado con lo que pasaba en la que vieron de Marleen Gorris en donde tres mujeres se solidarizan espontáneamente para matar a golpes al dueño de un negocio de ropa que descubre a una de ellas robando un vestido. Era obvio que Holanda estaba mucho más avanzado que Argentina, o tal vez, los machistas nuestros podrían relajarse un poco más ante el feminismo amable de María Luisa.
En 1995 Marleen Gorris ganó con Antonia el Oscar a la mejor película extranjera. Tuve oportunidad de entrevistarla para la revista Film (dirigida por Paula Félix Didier, Fernando Martín Peña y Sergio Wolf) y pensé en aquella anécdota con emoción mientras la entrevistaba. Cuando se lo comenté a mi madre, ella preguntó ¿y le dijiste? No, no le había dicho nada. Tampoco le conté a Elly de Waard específicamente sobre la carrera de mi madre, solo dije que, de alguna manera, me crié en un feminismo, pero que era algo más tibio e incluso que mi madre no se llamaba a sí misma feminista, aunque lo fuera en sus actos y estuviéramos rodeadas de feminismo. Después le dije a Elly de Waard que la lucha de las feministas lesbianas es fundamental para mí, como heterosexual. Es una libertad que nos libera a todxs. Una libertad solidaria, que empieza por un gesto individual y se expande. Entonces, en esta reflexión previa a los poemas de Elly de Waard, doy razones sentimentales para mis decisiones de por qué presentarlos y traducirlos, doy razones de infancia. Anteriormente, hace años, me volqué hacia mi padre, Pablo Szir. Incluí su cuaderno de citas en un libro con poemas míos (Cuaderno, 2010), asumí el lugar de la hija del militante y cineasta desaparecido durante la dictadura cívico-militar. Por otra parte, queremos ser personas a pesar de nuestros padres y de nuestras infancias, no queremos ser nepotistas. Y al final, de vez en cuando, hay que salir del armario: admito que soy escritora, poeta y narradora. Y admito la influencia de mi padre y de mi madre.
Cuando me fui en los noventa de Argentina lo hice por amor a mi compañero de vida. Quería también perfeccionar mi neerlandés, lengua que empecé a aprender en Buenos Aires, ya que cuando nos conocimos yo le dije a él que Dutch (holandés en inglés) es parecido a Deutsch (alemán en alemán) por lo que se debía tratar del mismo idioma. Y él dijo que no, que eran lenguas diversas. Después de esa metida de pata, me sentí tan avergonzada que decidí que debía aprender neerlandés. Él lo interpretó como una declaración de amor y probablemente también lo fuera. Yo tenía entonces casi diecinueve años y veintiuno cuando vine a Holanda por primera vez. Después de un año en los Países Bajos y un regreso a Buenos Aires en el que no me hallaba del todo, finalmente, me establecí aquí.
Aprendí la lengua y quise traducir poesía, para lo que hice talleres de traducción y retomé los estudios universitarios que había abandonado al migrar. Estudiando literatura holandesa me encontré con la poesía de Elly de Waard y su militancia feminista desde fines de los setenta. Me gustó que su feminismo fuera diferente al que podían transitar las mujeres argentinas en los ochenta y más tarde también. Las que eran homosexuales no podían exhibirlo demasiado. Y las que no eran, eran tildadas de lesbianas por feministas, porque se pensaba que si querías igualdad de derechos era porque no te gustaban los tipos, un razonamiento rarísimo, difícil de explicar, tal vez una forma de invalidarlas. Se decía que mi madre y María Luisa eran pareja, cosa que nos divertía mucho. Mientras tanto, en los ochenta de Holanda, Elly de Waard se presenta machona, se viste de smoking y quiere que su chica se quede con ella exclusivamente y para siempre. Y escribe este libro maravilloso del que a continuación podrán leer cinco poemas. En su momento no obtuvo reconocimiento de la crítica tradicional, aunque sí de la alternativa feminista, probablemente porque desafiaba demasiado el orden de cosas, donde los poetas eran varones y la estética dominante era otra; ahora se podría afirmar que se adelantó a su tiempo. Para contextualizar, es importante aclarar que era una sociedad que no consideraba iguales a las mujeres; por ejemplo, hasta el año 1956 no podían tener cuenta bancaria, irse de viaje sin permiso del marido o trabajar si estaban casadas. A principios de los años setenta la lucha seguía siendo necesaria: la agrupación Dolle Mina pedía por los derechos sexuales y reproductivos y por la igualdad en la vida pública con un activismo descarado y lúdico. Mientras tanto, esta desigualdad social se reflejaba en el campo literario. Actualmente la situación ha mejorado, aunque falta todavía.
Unas amigas de Elly de Waard buscaron una explicación esotérica para justificar la ausencia de consagración de la autora. La culpa era del fantasma de Chris van Geel, poeta que había sido su pareja. Este espíritu atormentado no quería que ella se hiciera famosa. Con los años se la ha canonizado un poco, pero no lo suficiente. ¿Por qué? Podría ser su estilo, demasiado barroco para una cultura protestante. ¿O será una cuestión de suerte, de tiempos?
Me gusta que con mis traducciones y mis escritos sobre ella se la (re)lea, que viaje hasta Argentina y que, de alguna manera, esas formas de querer un mundo mejor, esos diversos feminismos de mi infancia, tan valientes, incluyendo a las Madres de Plaza de Mayo y de regreso, cruzando el océano hasta las Dolle Minas en Ámsterdam, se encuentren. Tal vez este pensar en mis orígenes tenga que ver con un presente en el que mis hijas tienen más o menos la edad que yo tenía cuando emigré. Las dos aceptan la diversidad con alegría y reclaman justicia de una manera que me recuerda a la generación de mis padres, en un mundo que parece reaccionario, pero que si prestamos atención no es todo el mundo, es un ruido que hace eco en algún lugar, que puede hacer daño. Y mientras tanto, otras canciones se escuchan, otras acciones se realizan y aquí estamos.
Los poemas que traduje pertenecen al libro Een wildernis van verbindingen [Una espesura de conexiones] (editorial De Harmonie, Ámsterdam, 1986) que en el corriente año cumple 40 de su aparición. Se trata de 82 poemas numerados en torno al amor de la poeta por otra mujer, libro escrito en ese impulso, según su autora. Los poemas que seleccioné para esta oportunidad son los de las pp. 57, 59, 32 (que ya traduje anteriormente para la revista Zancada), 37 y 40, respectivamente. He mantenido la ortografía del original que no es la del neerlandés actual.
***
Está oscuro cuando me
Despierto y tanteo las
Medias; llego torpe hasta el
Baño. El agua se mezcla
Con sangre que parece
Óxido, residuo, sedimento
De lo que era fértil.
Ahora que me lavo
Las manos el agua salpica
Desde la canilla calcificada. El día,
Pronto como el granito
Que desde la mesada
Me contempla con mil
Ojitos, blanquea la ventana.
El fuego cubre los troncos
Con piel de ceniza, la salamandra oxidándose
En torno a su vidrio. ¡Ay, besos,
Besos, ardientes como
Papel secante, y así
Fugaces, ay, lo que se fue!
***
El pólder está todo nevado, los caminos
Blancos de sal, la nubosidad
Cuelga baja y hace frío. El cielo y
La tierra son un sobre que se cierra
Alrededor del vacío. Sale el sol como un
Semáforo. La grúa escupe alambres
De hierro como un dragón y en una espalda de
Arena yacen las costillas de tractores
Quebradas y comprimidas. Por
Cuestas empedradas, en donde como vías
Se grabó la huella, aquellos que
Nacieron con ruedas corren
Como ratas detrás del flautista. Más
Y más me mezclo en este tráfico
Humano. Las nubes se agachan hasta
El suelo; vehículos huyen. Ráfagas de
Nieve los persiguen desdeEl cielo cubierto. – Oh, la pérdida sin
Futuro, no porque se haya ido sino
Porque ella todavía está.
N.d.T.: El “pólder” del primer verso (“polder” en neerlandés) es la tierra que fue secada por medio de canales y molinos para ser dedicada al cultivo. Esta tierra puede ser ganada al mar, los pantanos, los ríos o los lagos. Gran parte del territorio de los Países Bajos está compuesto por pólderes, una suerte de pampa holandesa.
***
Arrodillada ofrece el cuerpo.
Hay viento. El árbol corre como una
Cascada y el alga de botes serpenteando
Colgajos de plástico y cintas
Crujiendo a nuestro alrededor. Habitamos
Debajo de las nubes que suben. Besar
Como flotar en una desembocadura. Oculta,
Introvertida, bajo el cúmulo
Del mediodía, reposo mi cabeza
Entre sus caderas.
Llevo mis sueños en brazos perezosos.
Una imagen más íntima: el agua babea
De la boca enmohecida de Tritón y
Delfines se tienden con suavidad en ambas
Mejillas. Y todos los tallos son
Fecundados por el clima y se doblan
Como fuentes, entregándose.
La ciudad ronronea como un gato
Salvaje detrás de las dunas. En sus cauces,
Retraído, el tránsito bulle.
***
Con pasitos de plata repican
Los cubiertos por el plato. Ella
Sentada derecha, yo encorvada.
Solemnes como zepelines flotan
Insectos entre las rosas
Que con sus pimpollos imitan
Los contornos de Estambul pero
Sin los minaretes. Presento
Nuestra dicha pero el hambre que
Le tengo no se sacia con otro alimento que
Su médula. Nos damos aire fresco
Con las servilletas. La quiero más
Desnuda, quiero ver acabada
Su espalda lisa como
Un marfil transitado por el tacto de
Mil y una noches. El esmalte le
Resalta de las uñas cuando su andar
Picado se acerca
A la mesa. La acuesto en el pasto
Y la abro como un abanico.
***
Violencia, contenida en
Empuje, deseo
Elevado en lucidez. Mi
Amor adopta las formas
Del vuelo. Conmovedor
Como el fuselaje, rezando
Sin ojos, se taladra en el
Azul, su confianza
Inexorable, La bendita
Consagración de cosas que
Una vez puestas en movimiento,
Ya no se pueden desviar.
Su potencia arrolladora.
Vacío está el cielo, una
Tabla rasa y aun así lleno de la
Lujuria de las nubes. La
Reparadora existencia de algo
Más grande, de un amor
Victorioso frente a una realidad
Contra la que se enfrenta.
***
Het is donker als ik
Wakker word en grijp naar
Sokken, stommel naar het
Bad. Mijn water is vermengd
Met bloed, dat er als roest
Uitziet, bezinksel, droesem
Van wat vruchtbaar was.
Water klettert uit de met
Kalk bezette kraan, nu ik
Mijn handen was. De dag
Die gauw is als het graniet
Dat mij vanaf het aanrecht
Met duizend kleine ogen
Beziet, verbleekt het raam.
Vuur legt een vacht van as
Om stammen, de haard roest
Om zijn glas. Ah, kussen,
Kussen, brandend als
Vloeipapier en even
Vluchtig, ah, zoals het was!
***
De polder is besneeuwd, de wegen
Liggen wit van zout, het wolkendek
Hangt laag en het is koud. Hemel en
Aarde zijn een envelop die zich om
De leegte vouwt. De zon komt als een
Stoplicht op. De kraan spuwt ijzeren
Draden als een draak en in een zanden
Rug liggen de ribben van traktoren
Gekraakt en ingedrukt. Over ge-
Plaveide hellingen, waarin als rails
De karresporen zijn ingelegd, rennen
Wie met wielen zijn geboren als
Ratten of als lemmingen. En eens te
Meer meng ik mij in dit menselijk
Verkeer. De wolken bukken zich tot op
De grond en wagens vluchten. Vlagen
Sneeuw jagen vanuit de luchten achter
Ze aan. – O het gemis, dat zonder
Toekomst is, niet om het weg zijn van
De ander, maar omdat zij er nog is.
***
Geknield biedt zij haar lichaam aan.
Het waait. De boom stroomt als een
Waterval en wier van boten slingert
Met plastic slierten en stroken
Ritselend om ons heen. Wij wonen
Onder de klimmende wolken. Kussen
Als dobberen in een monding. Geborgen
En ingekeerd, onder de cumulus van
Het middaguur, leg ik mijn hoofd
Te rusten tussen haar heupen.
In lome armen draag ik mijn dromen.
Intiemer beeld: het water kwijlt
Uit Tritons mond, begroeid met mos en
Aan zijn beide wangen vlijen zich
Dolfijnen. En alle stengels zijn
Besprongen door het weer en buigen
Zich in overgave als fonteinen
Neer. De stad spint als een wilde
Kat achter de duinen. Eenzelvig
In zijn beddingen kolkt het verkeer.
***
Op zilveren trippelt
Het bestek door het gerecht. Zij
Zit kaarsrecht, ik zit gebogen.
Statig als zeppelin drijven
Insekten tussen de rozen
Die met hun knoppen de contouren
Van Istanboel opvoeren, maar
Zonder minaretten. Ik diste
Ons geluk op maar mijn honger
Naar haar lust geen voedsel dan van
Haar aard. Koelte wuiven wij ons
Toe met de servetten. Ik wil haar
Naakter, haar rug die glad is als
Ivoor dat door de beduimeling van
Duizend en één nacht ingesleten
Is wil ik vervolmaakt zien. Lak
Spat van haar nagels als haar
Gehakte lopen om de tafel
Nadert. Ik leg haar in het gras en
Vouw haar als een waaier open.
***
Geweld, beteugeld in
Voortvarendheid, hartstocht
In helderheid verheven. Mijn
Liefde neemt de vormen van
Het vliegen aan. Ontroerend
Hoe de romp zich, biddend,
Zonder ogen, in het blauwe
Boort, zijn onverbiddelijk
Vertrouwen. Het heilig
Toegewijde van dingen, die
Eenmaal bewogen geraakt,
Zich niet meer af kunnen laten
Leiden. Hun niets ontziend
Vermogen. Leeg is de hemel, een
Onbeschreven blad en toch vol
Wellust van de wolken. Het
Helend aanwezige van iets
Groters, van een liefde zege-
Vierend over een werkelijkheid
Waarmee zij strijdig is.
Elly de Waard (Bergen, Países Bajos, 1940)
Es poeta. Publicó su primer libro en 1978. Desde entonces han aparecido una veintena de títulos de la autora. Este año salió C-liefdesgedichten, una selección de sus poemas de amor. Tradujo a Amy Clampitt y Emily Dickinson. Fue pionera en el periodismo de rock y pop, que ejerció de 1968 a 1986. En los ochenta coordinó talleres literarios feministas de los que surgió el grupo De Nieuwe Wilden [Lxs Nuevxs Salvajes], colectivo que publicó dos antologías en 1987 y 1988. Elly de Waard es, en los Países Bajos, una de las pioneras en el debate sobre género, feminismo y emancipación, y contribuyó al rescate de grandes poetas (mujeres), como Ida Gerhardt y M. Vasalis, y a la creación del premio de poesía Anna Bijns.
Een wildernis van verbindingen (1986) [Una espesura de conexiones], es el mejor de sus libros, según De Waard. Su trabajo poético recupera el cuerpo, la experiencia, la anécdota, el exceso, y hasta puede coquetear con un sentimentalismo camp, para, irreverente, enfrentarse al tabú impuesto por una tradición (intelectual) dominada por los poetas y escritores (hombres) de la posguerra.
Foto: Ernst Drukker
Alejandra Szir (Buenos Aires, 1971)
Es poeta, narradora y traduce poesía del neerlandés. Es licenciada en Estudios Neerlandeses y máster en Latinoamericanos (Universidad de Leiden, Países Bajos). Recientemente publicó la novela Las Escritoras de Salzburgo (MeVeJu, La Plata, 2026). Sus libros de poesía son extrañas palabras (siesta, 1998), Suecia (Libros de Tierra Firme, 2006), Cuaderno (Ediciones del Dock, 2009) y Hermanatria (con María Ester Alonso Morales, Pixel, 2020). Las fronteras del yo (Ravenswood Books, 2017) es su ensayo sobre la Argentina de J. Slauerhoff, poeta holandés. Participó en el libro colectivo bilingüe de poesía Voces De Maria Barnas tradujo Sí sí el big bang (detodoslosmares, 2022). Este libro y las breves antologías de poesía de Barnas (2022) y de Mustafa Stitou (2020) que realizó para la revista Atonaal (Almería, España) han recibido el apoyo de la Fundación Neerlandesa de Letras.entre dos orillas/ Stemmen tussen twee oevers (RiL editores, 2024). Forma parte de las antologías poéticas de Ediciones del Dock y Los detectives salvajes. Ha publicado artículos de cine y literatura, traducciones, cuentos y poesía, en revistas especializadas. Coordina talleres literarios para hispanohablantes que viven en los Países Bajos.
Foto: Francisca Vink
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