Pájaros de polvo. Apuntes sobre La terminal

Pájaros de polvo
Apuntes sobre La terminal

Gustavo Fontán

Anoto antes de subir al micro: 20 de mayo de 2022, comienzo del viaje. Llevo mis talismanes, una pequeña piedra roja, un conjunto de flores secas. Algunas de ellas, que han perdido el color, parecen pájaros de polvo a punto de desintegrarse. Viajaré con esas flores en los ojos, para intentar ver lo que se ve en el desierto o en los abismos. Sí, voy con mis talismanes y pido, para los días venideros, lo que pido siempre: el favor de una imagen.

Viajaré toda la noche. Dicen que hará frío en La Falda y que el sol nos regalará jornadas luminosas. Nos encontraremos con Eva, Ezequiel y Atilio, que están en Córdoba capital, directamente en la terminal de La Falda. El micro me dejará en lo que será nuestro set por varios días. En cuanto nos ponemos en movimiento, me saco una foto, sonriente, y se las mando para que los alcance mi felicidad. En camino.

El chofer tiene la gentileza de apagar pronto las luces. Como si esperaran esa señal, las voces bajan de tono o se acallan. Algunas personas rechazan la oscuridad y encienden la luz cenital: una mujer, dos asientos adelante, a mi izquierda, que quiere seguir leyendo su libro, y un hombre, del que solo veo su mano elevándose hasta el foco. Seguramente hay más fuera de mi alcance. Los ojos se vuelven voraces, hacia adentro y hacia afuera. La ciudad se apaga y se desvanece, porque las casas y las luces ralean, y porque brotó una neblina espesa que las deforma. La voracidad también acomete contra el tiempo y surgen, de pronto, asociaciones inesperadas.

En el río Cosquín mi padre me enseñó a pescar con una botella. Le quitaba el fondo y ponía pan adentro. “Los peces entran para comer y ya no saben salir”, me decía. Ambos caminábamos por el agua hasta la piedra donde fijaríamos la trampa. Me acuerdo de esas caminatas; las evoco como si rebobinara una película para ver los detalles. Pero la toma nunca es la misma. A veces él lleva la botella, a veces yo. Mi padre me indica por dónde conviene pasar. Aunque el agua no es muy profunda, las piedras pueden ser traicioneras. Si voy detrás, veo su espalda, el short gris, sus piernas flacas. Si voy delante, debo girarme para ver su sonrisa. Después de una noche lluviosa, hay sol en la mañana. En un baldío frente a la casa que alquilamos, pace un caballo que se llama Rojo. A veces, Rojo se esconde en un pastizal. El sol nos quemó los hombros, a mi padre y a mí.

Casi todos duermen en el micro ya. Miro unos videos que grabó Ezequiel en el jardín de su casa. Son breves, interrogaciones sobre los contornos, pruebas para seguir pensando en la alianza que imaginamos entre la luz y la sombra. ¿Qué aparece en las anomalías? ¿Imagen de qué sueño, de qué vigilia? Escribo en la libreta lo que ya está escrito: suciedad e inestabilidad como condición de la imagen; en la fragilidad de la materia, la fragilidad de la vida. Que las imágenes no pierdan, Ezequiel, la bruma que las habita.                                                      

                                                                         Llegando a La Falda   

Si vinieras aquí
por cualquier camino, desde un lugar
cualquiera, a cualquier hora, en cualquier época
del año, sería lo mismo siempre:
tendrías que abandonar la razón y el sentido.
No estás aquí para verificar
nada, ni para instruirte o satisfacer
la curiosidad o dar testimonio.
A lo que has venido es a arrodillarte
donde ha sido válida la oración.

T.S.Eliot

El micro llegó temprano, con la primera luz. La terminal se despierta con modorra. Un espacio gris recibe los primeros rayos de sol. Un niño se desprende de un grupo de personas que espera. Camina tambaleante, vital, hacia ningún lado en particular. No hace mucho que aprendió a caminar, seguramente. Otro niño, mayor, va detrás de él. Lo alcanza muy pronto. El grupo se arma de nuevo, hasta que el pequeño vuelve a alejarse, divertido.

Fabio vende plantas que recoge en la sierra. Me explica dónde, pero los nombres de los lugares se me escapan entre sus ademanes. Pasó la noche en la terminal y ahora va a Capilla del Monte. En el cajón de madera no hay mucho: un romero, una menta silvestre, una plantita de carqueja, dos de poleo. Me recomienda un tomillo cargado de semillas. Saca una hoja con cuidado y me pide que la frote entre los dedos y que la huela. Me dice que ayer vendió todas las plantas de peperina, “a las mujeres les gusta la peperina, por eso del amor”. Los faros de un micro que está llegando iluminan su sonrisa de manera rasante y fugitiva.

Hay una puerta vaivén en la terminal. Por ella se entra y se sale. Escuchamos su chillido, un balbuceo metálico que crece con los días. Una acumulación de pesares. Le diré a Atilio que grabe ese sonido antes que un empleado municipal aceite las bisagras, y las llegadas y las partidas se vuelvan más silenciosas.

Los que pasan a través de esa puerta son trabajadores y estudiantes que van y vienen, de pueblo en pueblo, una y otra vez. Lo que aparece, desaparece, hasta que algo vuelve a emerger. El espacio los acoge, los expulsa. Nadie entra, nadie sale, de la misma manera de la terminal. Tendremos que grabar ese flujo, Ezequiel; el flujo y su estela.

La puerta, también, lleva y trae los reflejos, la inquietud de la luz. El cabello blanco de una señora deslumbra el plano.  Un padre abraza a su hijo en algún lugar incierto. Los rostros de los que esperan. Fragmentos de los recién llegados, de los recién partidos. Los cuerpos son apariciones sujetas al vaivén. 

El que mira nunca se va.

 

*La selección pertenece a Cuadernos del merodeo, Cielo Invertido Ediciones, Córdoba 2024.

Gustavo Fontán (Banfield, Buenos Aires, 1960)

Es director de cine, ensayista y escritor. Estudió Letras (UBA) y Dirección de Cine en la ENERC. Es profesor en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata y en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. Dirigió los largometrajes La terminal (2023), El piso del viento (Codirección con Gloria Peirano, 2022), La deuda (2019), Sol en un patio vacío (2017), Lluvias (2018), El estanque (2018), El limonero real (2016), El rostro (2013), La casa (2012), entre otros. Participó de numerosos festivales y se realizaron retrospectivas de su obra en Tokio, Chile y en el Festival Internacional de Cine UNAM (México). Publicó los libros Del Natural (2022), Maraña. Escritos sobre cine (2021), El lago helado (en coautoría con Gloria Peirano, 2018), que recoge los diarios de la Trilogía del lago helado.
Foto: Gustavo Poleri

 

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